Ser o no ser

El Atleti no es una moda, nunca lo ha sido. El Atleti no es ganar siempre, nunca lo ha hecho. El Atleti no es sólo el gol de Godín en el Camp Nou. El Atleti también es el gol de Sergio Ramos en el minuto 93 de la primera final de la Liga de Campeones en cuatro décadas.

El Atleti es la final de Heysel. La de Lisboa y Milán. Es la final de Copa en el Bernabéu con gol de Miranda. Es la victoria tras creer durante 14 años. El Atleti es caer y levantarse. El Atleti es luchar, pero sobre todo el Atleti es estar. Estar en las buenas y estar en las malas. Estar cuando nadie más quiere estar. Estar cuando todos se van. El Atleti es quedarse.

Hace cinco años el Atleti era un equipo que languidecía por los campos de España. Era el simpático de la fiesta que cuando levantaba alguna a los buenos, guapos y ricos, nadie se molestaba porque sabían que era algo temporal. El Atleti no era un peligro.

Algo cambió entonces. Diego Pablo ‘Cholo’ Simeone llegó. Y lo hizo revalorizando a un equipo que no hacía tanto perdía sistemáticamente. Lo hizo recuperando la memoria de un grande por el que pasaron jugadores como Luis Aragonés, Ben Barek, Arteche, Gárate. Adelardo, Ufarte, Reina. Capón, Heredia, Pereira, Escudero. Futre, Kiko y Simeone.

Los que se quedaron tras una apropiación indebida. Los que estuvieron cuando Hasselbaink falló el penalti. Los que estuvimos cuando un chaval de 17 años cargaba con el equipo a sus espaldas. Los que sobrevivimos a decenas de entrenadores. Todos vimos como nuestras plegarias se hacían realidad con la llegada del argentino. La ilusión volvía para quedarse.

Aquel que un día defendió los colores de la hinchada como jugador, hoy lo haría desde el banquillo. Levantaría al equipo hasta lo más alto. Conseguiría la mejor marca histórica de un club centenario. Llevaría al equipo de sus amores a ganar todos los trofeos nacionales posibles. Liga, Copa y Supercopa. La Europa League y la Supercup. Llevaría al equipo a jugar dos finales de la Liga de Campeones en tres años. Aunque las perdiera.

El ambiente del Manzanares se renovó con un aire de nuevo rico. Si éramos muchos, fuimos muchos más. Pero más no es siempre mejor. Hoy, cuando el equipo pierde, los que estuvimos estamos. Los que vinieron, amedrentan con irse.

Y eso que jugamos una final de la Champions League hace apenas unos meses. Y eso que tenemos a Oblak, Juanfran, Godín y Filipe. Y a Moyá. A Gabi, Koke, Tiago y a Saúl. A Griezmann. Al ‘Niño’ Torres, que volvió. Y eso que Simeone siguió, con Germán ‘Mono’ Burgos y con el ‘Profe’ Ortega, prometiendo despedir por todo lo alto al Vicente Calderón.

Y eso que esto sólo acaba de empezar.

Los que están a punto de irse tras empatar el primer partido de la temporada, pueden hacerlo. Los que no crean tras las derrotas, también. Y los que no estén con Simeone después de todo, es que no han entendido nada de lo que es el Atlético de Madrid.

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